Roma, Roma y Roma.

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April 20, 2014 by Quiahuitzin

Roma es mucha Roma, Roma te envuelve y te enamora. Al menos, eso me ha pasado a mi. Es capital de Italia, pero es una ciudad con un ritmo tranquilo… bueno, a no ser que hablemos del tráfico… ¡es caótico! Pero bueno, se lleva con humor, como un tópico más del que hay que disfritar como producto típico Italiano. Desde luego, esta, al ser una gran ciudad, no es exclusivamente turística. Es más auténtica.
Llegamos cuando estaba anocheciendo, y las luces de ciudad, las que iluminan los monumentos, plazas e iglesias que hay por todas partes, las luces de los escaparates y las de los semáforos, nos recibieron. Antes de ir al hotel, teníamos la cena. Fue el primer contacto, y fue agradable. Edificios de tres alturas, con puertas y ventanas de madera pintadas de colores vivos. Zona bohemia y céntrica de una ciudad real. La cena, atendiendo a los mandatos del mundo real, dejo que desear.

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Al día siguiente, aterrizamos en la Iglesia de Santa María la Mayor. Luego, nos guiaron hasta la iglesia donde se encuentra la estatua del Moisés, la cual, aparte de la famosa estatua, no tiene mucho más, de hecho, parece que esta a medias. Tras ver estos lugares nos dirigimos al reputado Coliseo.

¡Que gran laberinto de ruinas! Y antes de entrar, a nuestro alrededor, ya vemos las ruinas de los foros, cúpulas y otras estructuras, que entre el caos no se distinguen… iglesias, monumentos, ruinas, templos, obeliscos… Entramos en el Coliseo finalmente, tras un rato en la cola. Hace un sol aplastante y piensas: guau, aquí estoy yo… has visto tantas imágenes del mismo sitio donde tu te estás haciendo la foto. Mientras subo y bajo, y veo este gigante colosal desde diferentes perspectivas pienso en dos cosas: La primera y menos trascendente es que hace muchísimo calor y sol. La segunda, camino entre el recuerdo de la grandeza del imperio que dominó el mundo. Fueron los reyes y señores de todo, los romanos, derrocharon, conquistaron, innovaron… El Coliseo en si mismo fue una proeza tecnológica. Ahora es un icono de la grandeza muerta, que ya solo recordamos ocasionalmente en los libros de historia o en nuestros viajes… es divertido ver el tiempo en perspectiva. Era Roma el ombligo del mundo, ahora ya no todos los caminos conducen a esta… y esta olvidada, es un fantasma, delicia de historiadores y artistas.

Al salir del Coliseo nos sentamos en el Arco de Constantino… pudiendo admirarlo solo parcialmente, pues estaba vestido de andamios. Lo que tiene la conservación del patrimonio, he visto numerosos andamios ya durante la semana.

Después vistamos los Foros. Es una especie de jardín misterioso e impresionante lleno de historia. Hacia muuucho calor, el grupo estaba un poco disperso y cansado, y el paisaje era un tanto irreal. Es difícil alcanzar a imaginar el esplendor que debió tener esto en sus días, lo que aquí se trato, las decisiones que se tomaron, lo que se movió y los que se movieron. Era en cierta manera, lo que ahora es la zona de Wall Street y la Bolsa en Nueva York.

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No se muy bien por donde salimos, ni donde llegamos. Allí todo es muy muy grande, y hacia mucho sol. En un momento eramos libres de ir donde quisiéramos, algunos fueron a la Plaza del Capitolio, nosotros, pusimos rumbo desorientado al Trastevere, donde queríamos comer. Cruzamos una calle y nos encontramos ante el monumento a Victor Manuel II, si, ese que odian tanto los italianos. Yo, personalmente lo encuentro bonito, tampoco desentona como dicen.

Vale, orientar el mapa y encontrar el río y la forma de cruzarle fue difícil… rodeamos el Teatro Marcello, que además era nuestro punto de encuentro para el autobús y finalmente nos vimos ante el Ponte Fabricio, que da acceso a la Isla Tiberina. Cruzamos sin dilación, y con hambre y calor la susodicha isla en mitad del Tiber, y enseguida nos encontramos en el Trastevere. Este es el barrio joven o bohemio de Roma, se supone que la comida es más barata y eso.

En una de las calles que sale de la Via del Trastevere, vimos un restaurante muy mono, nos acercamos, y un señor mayor nos recibió muy amablemente, diciéndonos que era de los pocos restaurantes que no cobraba cubierto, que una conocida guía lo ponía en el primer puesto de restaurantes para comer en Roma. Era, decía el marido de la cocinera, que era de Nápoles y cocinaba muy bien. La verdad, comimos muy bien allí. Era un sitio con mucho encanto, abajo, donde estaban los baños, había una sala llena de muñecas y títeres de brujas… era extraño, luego supe que las brujas eran muy típicas de Nápoles o algo así. En fin, que comimos muy bien y asequiblemente, yo tome unos raviolis estupendos.

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Al salir, el mismo señor que nos había convencido para entrar nos recomendó ir al que el consideraba el mejor sitio de Roma. Era un mirador, sobre el que yo había ya leído, y me alegró mucho que nos lo recomendara, porque probablemente, si yo hubiese dicho a mis amigas de ir sin más hasta un parque a las afueras sin saber siquiera por donde para ver las vistas no me hubieran hecho ni caso. Pero claro, este afable personaje romano nos había dicho que estaba “cerca” y que era muy bonito. No teníamos nada más planeado así que, rumbo a Gianicolo se ha dicho.

A parte de todas las curiosidades antiguas y modernas que se encuentran en la ciudad a cada paso, incluso por uno solo de los tres elementos que mencionaré a continuación valdría la pena hacer expresamente el viaje a Roma: la iglesia de San Pedro, las fuentes y la vista desde el Gianicolo.

Charles de Brosses

Había por esa calle, una heladería siciliana, donde pedimos un helado, y helado en mana comenzamos a ascender por el parque este, que era como un montecillo. Íbamos con calma, vimos un monumento a Garibaldi, muchos bustos… y al final pudimos admirar Roma desde el faro del Gianicolo. No nos dio tiempo a mucho más ese día. Deshicimos nuestros pasos lenta y alegremente, cruzamos por el puente de Garibaldi en vez de por la Isla Tiberina, y fuimos dando tumbos buscando un supermercado por la Via Arenula hasta el Area Sacra, allí compré una trozo de pizza para llevar como cena. Y así comiendo pizza por las cautivadoras calles de Roma, regresamos pasando por la plaza del Ara Coeli al Teatro Marcello. Allí nos esperaba el autobús, que nos sacó de la ciudad mientras veíamos las ruinas y multitud de plazas e intercambiábamos las anécdotas del día.

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Segundo día en Roma.

Hoy el autobús nos ha dejado en la Plaza del Popolo, donde esta el conocido como tridente, que es la salida de tres calles: Ripetta, Corso y Babuino. No hemos tomado ninguna de estas, si no que hemos comenzado nuestro paseo por Roma bajando por la encantadora Via Margutta hasta la Plaza de España. Hemos subido y bajado sus famosas escaleras, y hemos continuado hasta la Fontana de Trevi. Allí, he tirado una moneda más, como el resto de turistas que hacen la fortuna de Neptuno a cambio de la esperanza de volver algún día a Roma. El recorrido prosiguió hacia el Panteón que es inmenso (no tanto tras ver San Pedro) y muy armónico. Este templo ha sido objeto de diversas reformas y variados cultos. No hay nada más en especial que comentar sobre este lugar… simplemente me ha gustado, sobre todo la parte exterior, las filas de columnas, que son la parte más antigua. Después llegamos a la Plaza Navona, donde se alza la fuente que representa los cuatro principales ríos del mundo. También tiene la fuente un obelisco… como tantos lugares en Roma, realmente hay obeliscos por todos lados. La plaza estaba llenísima de gente, de pintores, vendedores ambulantes, turistas… también esta la iglesia de Santa Agnese, una mujer a la que según la leyenda desnudaron durante un castigo, y cuyo cabello creció para taparla, y siguió creciendo dando pie a la iglesia.

Rendidos ya de todo el paseo, nos hemos dirigido hacia el Vaticano, cruzando el impactante puente de Victor Manuel II, lleno de estatuas y con unas vistas preciosas al Tiber. Desde el puente se ve el Castillo de San Angelo, fortaleza de los papas, anteriormente mausoleo de Adriano, el cual el tiempo le ha hecho mudar en funciones, si bien no ha cambiado su faceta de vigilante respetable y reputado del Tiber. Cruzando el puente llegamos a la Via de la Conciliacione, gran avenida que construyó Musolini y por la cual te vas aproximando al Vaticano, con los pies cansados y viendo como la cúpula adquiere más y más tamaño.

Hicimos un bien merecido descanso para comer entre las columnas que abrazan la plaza. Mientras veíamos a los seminaristas y laicos, pasar, en proporciones iguales.

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Después nos dirigimos a la Piazza Risorgimento para entrar al museo del Vaticano. Iba asustada, pues me habían dicho que era demasiado largo, y que había que caminar muchísimo por galerías de cuadros antes de, finalmente llegar a la Capilla Sixtina. Sin embargo, el museo me gustó a pesar de estar tan cansada. También es verdad que tampoco lo vimos entero, si no que, con una guía, hicimos un recorrido renacentista. Vimos el patio de la Piña (con la piña de cobre), los tapices de la vida de Cristo, estatuas, frescos que cartografían toda Italia, y otros que representan escenas, como el de la Escuela de Atenas de Rafael.

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Al final del museo estaba la famosísima Capilla Sixtina, que tampoco me emocionó tanto como esperaba. La sala en si misma es impresionante, el cuadro del juicio final, el de la creación… es una obra maestra envolviéndote en forma de paredes. Pero por otra parte hay demasiada gente y demasiada tensión en la sala: “Silence please!” “No photo!”

La que si que me ha dejado boquiabierta es la Basílica de San Pedro. La luz entra por la cúpula como si se tratara de un foco que cruza el inmenso espacio que es la basílica. Las columnas parecen infinitas de altas, las estatuas gigantes. El altar mayor esta cubierto también por una estructura gigantesca de formas espirilizadas. En fin, es un mundo en si mismo, cada detalle, sin dejar de cuidarse es de proporciones descomunales.

Tras dejar el Vaticano, hemos ido volviendo hacia el Teatro Marcello, nuestro punto de encuentro. Tras cruzar el Ponte Sant’Angelo, nos hemos perdido por la Via Coronai. Me ha encantado esta calle, con sus adyacentes, es una zona perfecta para perderse y dejar que tus pasos te lleven.

La verdad, Roma, con su caótico tráfico , sus estrechas y ricas en historia calles, las iglesias en cada esquina, y los monjes y monjas que proliferan por doquier, es una ciudad hermosa. No hace falta situarse frente ninguna gran plaza, monumento o ruina; por si sola tiene un encanto propio. Y aunque también tiene sus contras, su atmósfera invita a quedarse con lo bueno y tolerar o ignorar lo que no lo es tanto.

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One thought on “Roma, Roma y Roma.

  1. […] solo queda por hablar de Roma, que es, sin duda la reina de las ciudades que hemos visitado, en ella pasamos dos días y medio. […]

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