Visita la Casa Museo Cerralbo en relación con la sociedad del s.XIX

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April 1, 2015 by Quiahuitzin

La Casa Museo Cerralbo es un palacete madrileño del s.XIX-XX donde residió el marqués de Cerralbo y que tras su muerte donó al Estado. En el siglo XIX, nobleza y aristocracia sufren un proceso de “simbiosis”, por tanto, aunque el marqués era un noble, se trata de una nobleza aburguesada, de ahí las “reducidas” dimensiones de la vivienda, en comparación con lo que pudo haber sido (en comparación con los pisos de ahora, es enorme, claro).

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Dibujo de servidora de la fachada de la casa

En el s.XIX la planificación urbanística cambia, se inician los ensanches, y las calles adquieren una construcción recta y anchas en las afueras de las ciudades. Este palacete, de hecho, se sitúa en una de esas ampliaciones que se produjeron en Madrid, alrededor de la Calle Princesa (este edificio se sitúa en la esquina entre C/Ferraz y C/Ventura Rodriguez), por tanto, su situción es otro rasgo que nos habla de la sociedad de la época.

Por otro lado, la misma distribución de las habitaciones sigue los criterios del s.XIX, separando por un lado los aposentos privados (de carácter mas humilde) y por otro los salones y comedores en los que se recibían las visitas. Estas zonas están extremadamente cuidadas y diseñadas para mostrar la riqueza de la familia y entretener a las visitas. Podemos ver sucesivos salones para menesteres tal que fumar o empolvarse la nariz, salón de billar, e incluso una sala para descansar después de bailar. Porque, por supuesto, también hay un salón de baile.

Todo esto responde a un modelo de ocio que comienza en este siglo: cafés de tertulia, teatros, ópera… Sin dar de lado aún a la mentalidad anterior de ostentación de riqueza y poder.

También cabe mencionar la implicación de estas clases altas (burguesía y nobleza) en la política. El s.XIX, es sin duda un siglo de gran agitación política para España, en el que diversos modelos se suceden rapidamente (regencias, reinados de diferentes dinastías, una república, periodos progresistas, periodos conservadores…). Por supuesto, estas clases con tanto poder económico tienen ciertos intereses en juego, y no se quedan al margen. Comienzan a surgir los partidos políticos y crece el interés por la economía.

En uno de los pasillos de la casa encontramos referencias a la afiliación política del marqués de Cerralbo. Hay diversos cuadros e insignias carlistas. Tenía una ideología tradicionalista, ya que en realidad las guerras carlistas habían concluido en en 2876 con la derrota del bando que apoyaba a Carlos.

Pese a todo, la corriente permanecía viva  través de las posiciones conservadoras de partidos como Unión Católica, el bando alfonsino… Al final todos los conservadores se unirán en el periodos de la Restauración constituyendo el partido liberal conservador, dirigido por Cánovas.

El marqués de Cerralbo, se puede observar, tenía también otros intereses más allá de la política, como el coleccionismo de arte y antigüedades. A lo largo de toda la casa encontramos gran cantidad de cuadros, incluso del Greco, y objetos como armaduras y espadas (en la armería), bustos romanos, jarrones… Todos bien expuestos y a la vista (no perdamos el gusto decimonico por la apariencia). Todas estas piezas pueden ser bien apreciadas por todo tipo de visitas, ya sean del s. XIX o de hoy en día (de ahí que se trate de una Casa-Museo)

Como propias del s. XIX cabe mencionar dos salas en especial: La sala de billar, juego muy popular del siglo, que practicaban las clases sociales que nos ocupan. Y el despacho, que en realidad solo sirve, de nuevo, para recibir visitas. El despacho esta especialmente sobrecargado y en realidad no se utilizaba como lugar de estudio o trabajo, para eso, se utilizaba la biblioteca, cuya distribución facilita más la lectura y el estudio.
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En conclusión, este palacete es una buena muestra del estilo de vida que esta nobleza aburguesada llevaba, de sus intereses, actividades y mentalidades. Me parece que merece la pena la visita, tanto por su valor histórico, como por el artístico, ya que la colección es bastante impresionante, y muy variada, y también hay salas muy bonitas por las que merece la pena pasearse. ¡Quién no bailaría en ese salón! Pero bueno, a falta de bailes, nos queda una estampa bastante clara de los nobles y burgueses del XIX.

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